
60 Segundos (2000)
Cincuenta coches en una noche y Eleanor esperando al final: el placer culpable de gasolina definitivo.
Películas y series de las que hemos hablado en el podcast. Cada ficha lleva veredicto, para qué noche sirve, dónde verla en España y los números que casi nadie cuenta: lo que costó y lo que recaudó.
Ninguna ficha cumple todos esos filtros a la vez. Prueba a quitar alguno.

Cincuenta coches en una noche y Eleanor esperando al final: el placer culpable de gasolina definitivo.

Romance de circo en la Depresión: Witherspoon, Pattinson y un elefante que se roba la película.

Pitt, Cotillard y una pregunta imposible: romance de espías a la antigua, elegante y con veneno dentro.

La saga vuelve a dar miedo: terror espacial clásico, sucio y claustrofóbico como el original.

Un asesino en serie en el Nueva York de 1896: atmósfera opresiva, psicología criminal primitiva y reparto de lujo.

Washington y Crowe frente a frente: el imperio real de Frank Lucas contado con la elegancia del gran cine criminal.

El Star Wars adulto que nadie pidió y todos necesitábamos: espionaje, revolución y el mejor guion de la saga en décadas.

La operación real más loca de la CIA: rescatar rehenes rodando una película falsa. Oscar merecidísimo.

El estafador adolescente más encantador de la historia contra el agente más cabezota: Spielberg en modo ligero y perfecto.

El renacimiento que lo empezó todo: Nolan cogió un personaje en ruinas y lo trató como literatura.

Física, cómics y Sheldon Cooper: la comedia de sofá por excelencia, doce temporadas de piloto automático feliz.

Espías casados y sospechas en la mesa: Soderbergh elegante, aunque más frío de lo que promete.

La secuela imposible que salió sublime: Villeneuve a la altura del mito y Deakins firmando la fotografía de la década.

La transformación de un hombre corriente en monstruo, contada sin un solo episodio de relleno: la vara con la que se mide todo lo demás.

La película que cambió lo que podía ser el cine de superhéroes: el Joker de Ledger no se ha superado y quizá no se supere.

El cierre de la mejor trilogía de superhéroes jamás rodada: imperfecto y aun así enorme.

Los Vengadores partidos en dos y la pelea del aeropuerto: Marvel en su punto más alto de equilibrio.

Los Targaryen en guerra civil: intriga palaciega pura, más contenida y más adulta que su hermana mayor.

El reinicio que salvó a Bond: Craig convierte al espía en alguien que sangra, y la saga en cine serio.

Cinco episodios sobre el precio de la mentira: lo más aterrador que verás en años, y no sale un solo monstruo.

Un profesor, un internado y un coro: la película francesa que puso a media Europa a tararear.

La primera regla ya la sabes: la sátira más gamberra de los 90 sigue siendo dinamita.

Ocho minutos para evitar un atentado, una y otra vez: ciencia ficción con cerebro y corazón en hora y media.

La sorpresa del año: cuanto menos sepas al entrar, mejor — thriller con mala leche y más ideas de las que aparenta.

Tres horas de venganza francesa a la antigua: el cine de aventuras que creíamos extinto, vivo y coleando.

Ben Affleck como autista letal de las finanzas: el thriller inesperado que pedía secuela a gritos.

Cinco hombres y un tanque en los últimos días del Reich: el cine bélico más sucio y físico de la década.

La secuela que cambia el laberinto por el desierto: distopía juvenil con más acción y zombis de propina.

Dos horas de fiesta: el crossover más gamberro de Marvel y la despedida que Jackman merecía.

La secuela que nadie pedía y todos necesitábamos: Pixar volviendo a su mejor nivel para explicarte la ansiedad mejor que muchos libros.

Cómo nació Peter Pan: Depp en su papel más tierno y un final que no perdona una lágrima.

Tarantino hace un western sobre la esclavitud y le sale su película más gamberra y justiciera.

Marvel se pone psicodélico: la historia de origen de siempre con los efectos visuales más locos de la saga.

El Goku niño: aventura, humor gamberro y artes marciales — el origen de todo, más loco de lo que recuerdas.

Gritos, transformaciones y combates que duran cinco episodios: el anime que marcó a una generación. Puro confort.

El espectáculo definitivo de la ciencia ficción moderna: Villeneuve completa lo imposible.

Will Smith y su hijo de verdad contando la historia real de Chris Gardner: el drama de superación con el que es imposible no romperse.

La historia real que inspiró Moby Dick: aventura marítima clásica de las que ya no se ruedan.

Adolescencia al límite filmada como nadie se atreve: neones, exceso y una Zendaya descomunal.

La vida es como una caja de bombones: medio siglo de América contado por su hombre más puro.

Eastwood sin adornos: el retrato del francotirador más letal de EE.UU. y el precio que se paga en casa.

George Miller vuelve al páramo: no alcanza a Fury Road (nada lo hace) y aun así es de lo mejor del cine de acción reciente.

Fuerza y honor: la película que resucitó el cine de romanos y convirtió a Russell Crowe en leyenda.

No es la primera ni lo pretende: es Ridley Scott pasándoselo en grande con tiburones en el Coliseo y un Denzel de Oscar.

Brosnan estrena la era moderna de Bond: la presa, el tanque por San Petersburgo y un videojuego legendario de regalo.

La película que te explica la crisis de 2008 y encima te ríes: no debería funcionar, y es una obra maestra.

El musical que la crítica despreció y el público convirtió en fenómeno: imposible salir sin tararear.

La gamberrada navideña perfecta: mitad cuento de Navidad, mitad película de monstruos, y cuarenta años después sigue sin existir nada parecido.

La película que nos hizo llorar en el Trastero, y no exageramos: la historia detrás de Hamlet convertida en un drama devastador y precioso a partes iguales.

La historia real de un soldado que no disparó una sola bala y salvó a 75 hombres: el mejor Mel Gibson director.

La mejor de la trilogía de El Hobbit: barriles río abajo y el dragón más impresionante jamás filmado.

¿Y si el Eje hubiera ganado la guerra? Ucronía elegante e inquietante salida de Philip K. Dick.

Magia, romance y un inspector obsesionado en la Viena imperial: la elegancia hecha película.

El Oscar que Scorsese debía tener hace décadas: topo contra topo en el thriller más afilado de los 2000.

La ciencia ficción más ambiciosa del siglo, y en el fondo una película sobre un padre y una hija: Nolan nunca voló tan alto.

La comedia francesa que conquistó el mundo: amistad improbable, cero sensiblería y un corazón enorme.

Mandela, un mundial de rugby y un país por coser: Eastwood contando cómo se construye la reconciliación.

La apuesta que arrancó el MCU: Downey Jr. y un personaje que nadie quería, convertidos en historia del cine.

Política, espadas y dragones que cambiaron la televisión para siempre: el viaje vale la pena, digan lo que digan del final.

Alien en la Estación Espacial Internacional y sin complejos: terror espacial eficaz con un final que muerde.

La película más importante de Spielberg: tres horas en blanco y negro que hay que ver al menos una vez en la vida.

Tres horas de exceso puro: Scorsese y DiCaprio a tumba abierta en la comedia más salvaje sobre el dinero.

El thriller más infravalorado de los 2000: diálogos afilados, reparto de lujo y un giro que lo recoloca todo.

Tarantino reescribiendo la historia a lo grande: la taberna, Landa, y el mejor arranque de su carrera.

Náufrago en Marte con humor y ciencia de verdad: Ridley Scott en su versión más optimista y disfrutona.

La última gran idea original del cine de acción: un blockbuster con filosofía dentro que cambió para siempre cómo se ruedan las películas.

La hija de los Addams en un internado de monstruos: humor negro apto para toda la familia y una Jenna Ortega estelar.

Los agentes que inventaron el perfil criminal, cara a cara con monstruos reales. Cancelada antes de tiempo — imprescindible igual.

Sherlock a los 93 años, luchando contra su propia memoria: McKellen en estado de gracia.

El ascenso y caída de Pablo Escobar con pulso de thriller y textura de documental.

Ocho desgraciados, una cabaña nevada y Tarantino jugando al Cluedo con dinamita: teatro criminal en 70mm.

El blockbuster más ambicioso del siglo: robar ideas en sueños, un trompo girando y quince años de discusiones.

No es solo la mejor película de mafia: es probablemente la mejor película, a secas.

La secuela que discute con la original el trono de mejor película: Michael sube, Vito nace, y todo duele.

Gángsters de Birmingham con estética de videoclip y un Cillian Murphy magnético: violencia, familia y carisma a partes iguales.

El acontecimiento que el terror llevaba años esperando: vampiros, blues y el Mississippi de los años 30 en la película más ambiciosa del género en mucho tiempo.

¿Película de Halloween o de Navidad? Las dos, y esa es su gracia: la animación artesanal más bella jamás hecha.

Davy Jones y el Kraken: la secuela que subió la apuesta con el mejor villano digital jamás creado.

El cierre desmesurado de la trilogía: batalla final en el maelstrom y despedida a lo grande.

La película basada en una atracción que no debía funcionar y parió al último gran icono del cine: Jack Sparrow.

Vince Gilligan vuelve a hacerlo: ciencia ficción de ideas con una Rhea Seehorn inmensa — la serie del momento, por una vez con razón.

La madre de todo el terror moderno: sesenta y cinco años después, la escena de la ducha sigue funcionando — y el truco final, también.

Genialidad e imaginación en estado puro: dos horas y media de diálogos que te sabes de memoria sin haberla visto — y cuando la ves, entiendes por qué.

Spielberg jugando con todos los juguetes de la cultura pop: dos horas de caza del tesoro para nostálgicos.

Hamlet en la sabana: la cima del Disney clásico y una de las estampidas más traumáticas de la infancia colectiva.

La historia de un perdedor que solo quiere aguantar de pie: el guion que Stallone se negó a vender y le cambió la vida.

Treinta años después, el discurso al hijo vale la película entera: la despedida digna que Rocky merecía.

Los 25 minutos de Omaha cambiaron el cine bélico para siempre; lo que viene después los está a la altura.

Nicolas Cage vendiendo armas al mejor postor: cinismo brillante y un arranque — la vida de una bala — de antología.

El final que lo ganó todo: 11 Oscars de 11 y la batalla que ningún cierre de saga ha vuelto a alcanzar.

La película que demostró que lo imposible se podía rodar: tres horas que pasan volando y el mejor arranque de trilogía de la historia del cine.

El puente perfecto: Gollum cambia la historia de los efectos y el Abismo de Helm, la de las batallas.

¿Y si pudieras separar tu yo del trabajo del de casa? Misterio de oficina con una premisa endiablada y ejecución impecable.

El thriller que oscureció todos los thrillers: siete pecados, una caja, y un final que no se olvida.

Holmes en el siglo XXI: cada episodio es una pequeña película de 90 minutos con Cumberbatch en estado de gracia.

Holmes convertido en héroe de acción victoriano: Ritchie, Downey Jr. y Law en plena forma.

La parodia que acabó siendo mejor que lo que parodiaba: veinticinco años después sigue haciendo gracia a los niños por una cosa y a los adultos por otra.

La rara secuela que supera a la original: el Gato con Botas llega y se lo lleva todo por delante.

Scorsese jugando al thriller gótico: una isla, un manicomio y un final que obliga a verla dos veces.
La sátira definitiva del mundo tech: tan exagerada que duele, tan certera que las startups la usan de manual.

Un concurso de la tele como repaso de una vida: Danny Boyle en estado de gracia y ocho Oscars que no engañan.

Sangre, arena y venganza sin filtros: empieza pareciendo serie B y acaba siendo una tragedia épica de verdad.

El Bond de Craig más clásico: arranque monumental en México y villano de la vieja escuela.

La más vapuleada de Raimi y aun así puro espectáculo: el Spider-Man emo merece revisión.

El periodismo como debe contarse: sin héroes con capa, solo gente haciendo su trabajo hasta las últimas consecuencias.

La película que partió la historia del cine en dos: antes y después de una princesa, un granjero y una estrella con un punto débil.

Nostalgia ochentera, monstruos y una pandilla irresistible: Spielberg y Stephen King metidos en una licuadora.

El body horror más salvaje en años: Demi Moore jugándosela entera en una sátira que no frena nunca.

Rami Malek de analista vengador: el thriller de espías clásico que apetece un viernes.

Batman convertido en cine negro puro: tres horas de lluvia, misterio y el mejor Gotham jamás filmado.

La mejor adaptación de un videojuego jamás hecha: un viaje por el apocalipsis que duele donde tiene que doler.

El fenómeno que definió una época: tres horas que siguen funcionando como el primer día, puerta incluida.

La primera película animada por ordenador de la historia, y treinta años después sigue siendo de las mejores.

La Ilíada a lo grande: Pitt como Aquiles, Bana como Héctor y un duelo que justifica la épica entera.

Antología donde cada temporada es un mundo — y la primera, con McConaughey y Harrelson, es historia de la televisión.

Épica clásica con corazón: la película que dignificó a Tom Cruise como actor dramático y un Ken Watanabe inmenso.

"Desde que tengo uso de razón quise ser gángster": Scorsese en estado puro y la película de mafia más adictiva jamás rodada.

Los primeros diez minutos más devastadores de la animación, y luego una aventura que te recompone.

Barro, sangre y mitología nórdica: la saga de Ragnar tiene más profundidad de la que aparenta.

La guerra en tiempo real, sin música y sin héroes: 90 minutos que se sienten como estar dentro.

El parque de androides que se rebela: sus dos primeras temporadas brillantes justifican el viaje, aunque la serie muriera por el camino.

La historia detrás del abusón de Wonder: una fábula sobre la bondad ambientada en la Francia ocupada.

La película que DC necesitaba como el comer: Gal Gadot cruzando tierra de nadie ya es historia del género.